
EDITORIAL
Nunca como ahora La izquierda tiene la posibilidad del triunfo electoral
No se puede construir una estrategia política eficaz si se prescinde de un esfuerzo teórico por caracterizar el período político que vive El Salvador y que tiene en la coyuntura político-electoral del momento su punto más inmediato de inflexión. El análisis tropieza con la vertiginosidad, amplitud y complejidad del cambio como fenómeno local-mundial, que hace bastante difícil identificar y seguir la tendencia de desarrollo de la situación actual, que tiene en la imprevisibilidad del futuro la única certeza posible; ello torna muy complicado prever probables escenarios de desenlace que orienten a los actores políticos en el diseño de líneas de acción para incidir en el curso de los acontecimientos.
El período político
El período político que consideramos se inicia en 1992 con la firma de los Acuerdos de Paz entre el GOES y el FMLN y que comienza a dar señales de mutación en 1999 bajo el gobierno de Francisco Flores. Decimos esto porque en 1992 se da claramente un cambio cualitativo en la forma de dominación del Estado salvadoreño, en la medida que se formaliza el desmontaje de la dictadura militar implantada en 1930-1932 y se abre paso un proceso inédito de democratización con la creación de nuevas reglas del juego político y la implementación de una reforma institucional para sostener e intermediar una relación diferente entre gobernantes y gobernados que intentó basarse más en la concertación y menos en la coacción.Este proceso es precisamente el que se interrumpe durante el tercer periodo presidencial de ARENA y que da lugar a lo que puede llamarse una transición incompleta. El periodo contrasta con la historia del país de las últimas seis décadas, caracterizadas por la continuidad de una forma de dominación autoritaria, sólo alterada por breves lapsos de relativas aperturas democráticas.
La etapa económica y el período político
La formación social salvadoreña está pasando una etapa que arranca en 1989 con el ascenso a la presidencia de la República del Licenciado Alfredo Cristiani, que llega hasta nuestros días y que, eventualmente, puede comenzar a transitar hacia otra en los resultados electorales del 2009, especialmente si gana el Ejecutivo el FMLN, en tanto esto supondría teóricamente un papel más activo del Estado en el campo económico-social, que incluso puede convertirse en una mayor intervención que ponga énfasis en otra forma de reproducción de la riqueza social; algunas medidas tomadas en ese campo por la Administración Saca (Alianza para la Familia, Red Solidaria, FOSALUD, Escuela Saludable, etc.) parecen anticipar ese diferente papel estatal.
La etapa económica y los cambios en la estructura de clases
Los cambios en el modelo económico imperante en el país han implicado modificaciones en la estructura de clases y de los grupos sociales que, a su vez, han incidido en las formas de dominación del Estado; de tal manera que para entender cuál es la forma que ha predominado en el período político considerado (1992-1999- 2000) hay, por lo menos, que intentar rastrear qué posibles cambios pueden haberse operado en ese nivel de enlace entre lo económico y lo político de la formación social salvadoreña.
El triunfo presidencial de ARENA en las elecciones de 1989 significó un cambio en el papel del Estado en la economía (se reprivatizaron la banca y el comercio exterior del café, entre otras medidas) y en el eje de acumulación de las riquezas (de la agroexportación tradicional se transitó hacia las exportaciones no tradicionales, al gran comercio de importación y a los servicios financieros), con lo que se propició la conformación de una fracción burguesa financiera –importadora, con énfasis en el capital especulativo– usurero y parasitario del aparato del Estado.
En el otro lado de la estructura de clase, se fortalecieron organizativamente y cobraron protagonismo los empleados públicos y municipales, los comerciantes informales, los empresarios y trabajadores del transporte, los profesionales de la salud y la seguridad social, los empleados del Órgano Judicial, los movimientos de mujeres, los pobladores comunitarios (relacionados principalmente con la problemática medio ambiental), con una organización más territorial que sectorial, y los grupos desclasados como las “maras”, los desocupados menesterosos, los niños de la calle, etc.
Durante la administración Saca (2004-2008) se han producido dos fenómenos que modificaron la composición del bloque de clases dominante y la correlación de fuerzas a su anterior: por una parte, la venta de los principales bancos a consorcios internacionales acentúo la transnacionalización de la oligarquía financiera; y, por otra, la consolidación del grupo político- empresarial formado por altos dirigentes del partido ARENA, a costa de usufructuar los recursos del Estado y aprovechar las ventajas que da el control del poder político; el fortalecimiento económico de este grupo le ha posibilitado, incluso, enfrentarse al sector financiero–importador por el control de la conducción de los aparatos partidario y estatal.
En este nuevo período han crecido y protagonizado en la lucha reivindicativa los movimientos sociales territoriales, integrados principalmente por pobladores de comunidades rurales y semirurales ligados a la defensa del agua, al rechazo a la minería metálica, etc.; lo mismo ha sucedido con los migrantes residentes en USA (por sus derechos políticos), las capas medias profesionales (abogados y jueces, etc.), los empresarios y trabajadores de transporte urbano e interurbano, los consumidores y usuarios de los servicios públicos y privados, los estudiantes de educación media, los profesores de educación básica y media, los asalariados de las distribuidoras eléctricas privatizadas, entre otros.
Conclusión
Puede concluirse que la coyuntura hereda, en el aspecto subjetivo, la institucionalización, crecimiento y protagonismo de un sujeto partidario que no existía como tal antes de 1992, en contrapartida con el desgaste del partido gobernante y el agotamiento de su proyecto económico social; siempre en este aspecto, pero en contraste con la fortaleza política anterior, se advierte una debilidad de un movimiento social cuyo accionar, por lo menos en sus expresiones sectoriales tradicionales, se vio disminuido a partir de los Acuerdos de Paz, en parte, por el divorcio con la fuerza política que lo sustentó en los años setenta y del que se nutrió aquélla durante la guerra civil.
En cambio, en el plano objetivo, la coyuntura actual se desarrolla en el marco de un proceso de democratización en reversa en el que se enfrentan las pretensiones autoritarias de una minoría hegemónica y las aspiraciones democráticas de una mayoría que busca construir una nueva hegemonía basada en la concertación, participación e inclusión; también se da en medio de una acentuada crisis económico-social que está enriqueciendo a una élite y pauperizando a amplios sectores de la población, mayoritariamente de las clases medias; también en este aspecto, pero en el plano externo, hay que incluir como un factor sobredeterminante de lo que acontece y acontecerá en los próximos meses, la contradicción entre los procesos autónomos de democratización y antineoliberales que se desarrollan en América Latina y la política intervencionista norteamericana, con los matices que pueden introducir los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre de este año.
La confluencia de los factores anteriores nos permite afirmar que, nunca como ahora, se ha presentado la oportunidad a las fuerzas de izquierda de obtener un triunfo electoral que someta el sistema político a la prueba de la alternancia real y abra espacio a una gobernabilidad democrática; nos atrevemos a decir que las condiciones objetivas para ese triunfo están dadas, lo que sumado al debilitamiento de ARENA y a la inexistencia de otra opción de derecha, hacen propicio el relevo de partido y programa en el Ejecutivo; lo demás depende de la capacidad del FMLN de articular las alianzas suficientes para cambiar la correlación electoral en ese sentido y hacer realidad esa posibilidad.
Extractos de un análisis de coyuntura política más amplio, elaborado por El Instituto de Estudios Jurídicos de El Salvador –IEJES-.
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